¿Dónde vamos?

Hace cien o doscientos años, la vida de un individuo concreto apenas importaba. Vidas cortas, poco tiempo para propósitos, pensamientos, grandes retos. Solo unos pocos, pensadores, artistas, líderes, científicos, podrían de alguna manera trascender un poco más allá. Los logros, los miedos, la lucha de un humano cualquiera quedaban para inspirarle a él y a unos pocos a su alrededor.
Hoy, una vez más, las vidas del común de los mortales tampoco trascienden. Desaparecen, no solo para el resto del mundo sino también para si mismos, enterradas entre la maraña de fotos, vídeos, contenido y experiencias.
Atesoramos cantidades inmensas de fotos y horas de video que probablemente nunca volvamos a ver; viajes, puntuaciones, reseñas. Y cada vez menos nos preguntamos: ¿dónde vamos?.
